Tu generosidad por ayudar demuestra tu calidad humana.
Apareciste para aliviar una complicación puntual.
Todos mis sentidos despertaron para no perder ningún detalle sobre tí.
Conociste el problema , buscaste la mejor opción y te fuiste.
Ahí se terminaba tu labor...
Pero ¡qué sorpresa!, volviste; no lo esperaba.
Allí estabas de nuevo, para interesarte por mi situación.
Me sentí muy bien, valorado y agradecido.
¡Ojalá no te vayas nunca!
¡Qué diferente sería si no estuvieras!
“Todo esto” no valdría una vida.
Mil gracias gloriosa Dama.
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