lunes, 3 de diciembre de 2007


Tu generosidad por ayudar demuestra tu calidad humana.
Apareciste para aliviar una complicación puntual.
Todos mis sentidos despertaron para no perder ningún detalle sobre tí.
Conociste el problema , buscaste la mejor opción y te fuiste.



Ahí se terminaba tu labor...
Pero ¡qué sorpresa!, volviste; no lo esperaba.
Allí estabas de nuevo, para interesarte por mi situación.
Me sentí muy bien, valorado y agradecido.

¡Ojalá no te vayas nunca!
¡Qué diferente sería si no estuvieras!
“Todo esto” no valdría una vida.
Mil gracias gloriosa Dama.

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