Mi vecino de arriba es un fulano de tal,
es un señor muy calvo, muy serio y muy formal
que va a misa el domingo y fiestas de guardar.
Busca en esta vida respetabilidad,
que predica a sus hijos responsabilidad
y llama libertinaje a la libertad.
Lo ha conseguido todo menos la felicidad.
Mi vecino de arriba hizo la guerra
y no va a consentir que opine quien no la ganó.
Mi vecino es un recto caballero español
que siempre habla ex cátedra y siempre sin razón.
Mi vecino de arriba es el lobo feroz
que va el domingo al fútbol y ve la televisión,
que engorda veinte kilos si le llaman señor,
que pinta en las paredes: "rojos al paredón".
Mi vecino de arriba es más hombre que yo
dice que soy un golfo y un maricón.
Mi vecino de arriba lo pasa fatal
y no puede soportar que yo me divierta;
cuando me mira siente ganas de vomitar
y si yo fuera su hijo me pondría a cavar.
Mi vecino de arriba, en la barra del bar
cuando se habla de sexo dice que es Superman,
es una pena que su mujer no opine igual.
Mi vecino de arriba un día me pescó
magreando a su hija dentro del ascensor.
Volvía del trabajo cuando reconoció
la voz que me decía: "quítate el pantalón".
Aún estoy corriendo, no quiero ni pensar
lo que habría sucedido si me llega a alcanzar.
No te puedo contar lo que me quería cortar.
Me he cambiado de casa, de nacionalidad,
pero, a pesar de todo, sigue igual.
Los vecinos de arriba inundan la ciudad,
si tu vives abajo, no te dejan en paz.
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