Tengo envidia de los valles,
de los montes y los ríos,
de los pueblos y las calles
que has cruzado tú sin mí.
Tengo envidia de tus cosas,
de tu sombra,
de tu casa,
y de tus rosas,
porque están cerca de ti.
Y mira si es grande mi amor,
que cuando digo tu nombre,
tengo envidia de mi voz.
Tengo envidia del pañuelo,
que una vez secó tu llanto,
y es que yo te quiero tanto,
que mi envidia es tan sólo amor.
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