La mujer que reúne las bondades para satisfacer tus ansiedades,
esa mujer que despierta una pasión brutal
es ante todo un ser sentimental.
Ir de la mano en largas caminatas,
flores, regalos caros, serenatas,
los desatinos que por ella se cometerán,
la transportarán más.
Salvo que quiera a un hombre con locura
y le sensibilice la ternura,
salvo que esté dispuesta e inclinada a la emoción,
ella se aburre sin solución.
Los “sigue un poco más” y esos grititos
que simulan espasmos infinitos
son pura caridad.
Los suspiros que da no son, en general, más que pura ficción.
Son sólo para que su compañero
se crea de los amantes, el primero.
Que el gallo presuntuoso
que allí arriba se posó
no entre en depresión.
Paso por alto aquellos comentarios
de los que van de amante extraordinario.
Es por su petulancia y su falta de calidad
que ellas conservan firme su frialdad.
Y para cuando acaso les moleste
uno de estos campeones del “acueste”,
señoras, queda en ustedes rechazar la insinuación contando que...
...noventa y cinco veces de cien,
a la mujer le aburre “el vaivén”.
Que lo calle o que lo confiese
no todos los días el hombre la enardece.
El que no lo quiera admitir
un par de cuernos le irán a salir.
A la hora de concretar
ella suele sentirse mal.
Sin fuego en el corazón
jamás puede entregar pasión.
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