
Hubo un momento que se paraba el reloj. No encuentro explicaciones para que sus agujas no llegaran a detenerse para siempre.
La única razón posible eras tú. Me resistía a comenzar el viaje sin decirte adiós, sin abrirte, por fin, mi corazón.
Aún en el momento más complicado de mi vida donde me acosaban las alucinaciones, tu imagen en el quicio de la puerta fue lo único real y fascinante que me mantuvo cuerdo.
Tú me diste el impulso para seguir luchando y continuar en esta parte de la vida. ¡Gracias!
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